¿Qué harías en este momento para expresarle a tu hijo el inmenso amor que sientes por el?  Seguro que lo abrazarías.

Terapeuta gestalt.
Consteladora familiar.
Creadora del blog:

Ayuda a tu hijo a sonreír

El abrazo es la mejor expresión de amor de los padres hacia sus hijos, pues tras su intención natural y espontánea de transmitir ternura y afecto, colma la necesidad más imperante del ser humano desde que nace: la de ser tocado.

En México, al abrazo se le llama apapacho, palabra derivada del término papatzoa (en náhuatl), que quiere decir ablandar algo con los dedos, y en su sentido más profundo, abrazar con el alma. Este sabio y bello término le confiere al abrazo un sentido especial de contacto lúcido, desde el amor, la ternura y la pureza del alma.

Hoy en día está más que demostrado los beneficios que aportan los abrazos para el desarrollo físico, emocional y mental de nuestros hijos, pues producen en ellos un efecto reparador y de amparo que ni las palabras ni las miradas consiguen transferir.

La familia que abraza como estilo de vida, desarrolla fuertes vínculos afectivos entre sus miembros. Los abrazos diarios y constantes generan un sentimiento de cercanía y unión. En cada abrazo se renueva la energía amorosa, tanto cuando se da como cuando se recibe.

Uno de los errores más perjudiciales que cometemos como padres es dar por sentado que el contacto físico no es necesario, pues porque el hijo no lo reclama, porque se está haciendo mayor, porque lo rehúsa…

Un niño que rehúye del contacto físico de sus padres es un niño desconfiado, probablemente porque en su corta experiencia de vida ya sufrió, de manera frecuente e intensa, la frustración de no estar en los brazos de mamá o papá cuando más inseguro y asustado estaba.

En cambio, para el niño criado en el contacto afectivo continuado (lo que se llama crianza con apego), no hay refugio más confortable y seguro en el mundo que los brazos de su mamá/papá. Sus abrazos le transfieren la seguridad y la confianza de que está a salvo, resguardado de cualquier peligro o amenaza. Y desde ahí, el hijo reconoce EL PODER Y LA GRANDEZA DE SUS PADRES.

Es importante que tu hijo sienta el apoyo incondicional de tus abrazos, que estés para él “a las duras y a las maduras”, tanto para darle amor y ternura en los buenos momentos, como para ser su sostén y su contención en los momentos más difíciles.

“Sin sensación de cobijo no se logra el amor.  En el seno familiar el ser humano debe confiar en la incondicionalidad del amor”.
Jirina Prekop

QUÉ LE OCURRE A TU HIJO CUANDO LO ABRAZAS ?

Tu abrazo crea en el cerebro de tu hijo preciosas improntas neuronales útiles para su óptimo desarrollo físico, emocional y mental.

En tus brazos se siente CONFIADO en el entorno en el que crece. Desde tus brazos SEGUROS, tu hijo observa tranquilo y curioso lo que ocurre en su entorno, a la vez que va adquiriendo la confianza para atreverse a explorar y experimentar por cuenta propia, sabiendo que puede retornar a la seguridad de tus brazos cuando lo necesite. Así se desarrolla su inteligencia y se incrementa su capacidad y motivación para aprender. El porteo durante los primeros años te puede ayudar a preservar la seguridad y la confianza de tu hijo junto a ti.

Cuando abrazas a tu hijo, le regalas la satisfacción de sentirse reconocido y aceptado tal y como es, de sentirse amado y visto con sus más y sus menos, con sus virtudes y su defectos. Tu amor incondicional nutre su alma y lo colma de alegría.

Con tus abrazos contribuyes a que acreciente su amor hacia sí mismo, a que se perciba como alguien valioso. Esto favorece positivamente su autoestima y su auto-concepto. Se reduce así el riesgo de que sufra depresión en el futuro, y de mayor tendrá más habilidades para gestionar de manera sana sus relaciones, sobre todo las más comprometidas.

Abrazándolo le otorgas un lugar importante en la familia, le fomentas el sentimiento de pertenecer a un clan que lo protege, lo aprecia y lo resguarda, y le trasmites la favorable sensación de sentirse integrado y arraigado a su familia.

Con tus abrazos, a tu hijo le demuestras que no está solo, que no hay motivos para que se sienta abandonado ni ignorado. Este es uno de los sentimientos más traumáticos para un niño, ya que cuando se sienten descuidados, inconscientemente se le genera el miedo de desaparecer.

Tus brazos también son un lugar de contención para tu hijo, especialmente en los momentos donde la frustración y la rabia lo desbordan. Entonces, comprobando las limitaciones físicas y firmes de tus brazos, encuentra también su propio límite, y el lugar seguro y protegido para manifestar aquellas emociones que más lo desestabilizan, hasta liberar todas las tensiones y recuperar su equilibrio emocional junto a tu corazón. En esto se basa la Terapia de Contención, herramienta esencial para restablecer el vínculo materno-filial.

Y para que acabes de dar la importancia que se merecen tus abrazos, has de saber que aportan a tu hijo grandes beneficios para su salud: gracias a la liberación de oxitocina se relajan los músculos, se reduce el estrés, se equilibra la frecuencia cardíaca, se estimula la oxigenación de las células y se calma la ansiedad, confiriendo todo ello una sensación de bienestar.

Seguro que después de leer este post, te están entrando ganas de abrazar a tu pequeño tesoro.  Adelante!

Hay muchos momentos para abrazarlo: cuando le das las buenas noches o lo despiertas, cuando lo dejas en la guardería o en la puerta del colegio, cuando celebras algo importante o lo felicitas por algún acto que valoras… o simplemente porque te apetece.

Abraza diariamente a tu hijo. Igual que nutres su cuerpo con la mejor comida, alimenta su alma cada día con tus nutritivos apapachos.

 

Pero hay 5 momentos claves en la vida de tu hijo en los que es esencial que lo ABRACES. Descúbrelos en el próximo post.

Si como terapueta quieres saber más sobre Terapia de Contención haz click aquí.

“La Terapia de Contención es una estrategia efectiva, rápida y profundamente humana para  ayudar a padres e hijos a salir de sus dificultades y ser capaces de sentir nuevamente el amor cada vez que lo necesiten.”
LAURA RINCÓN GALLARDO
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